El Real Betis cuenta con dorsales que evocan figuras legendarias de forma inmediata. El 3 pertenece a Rafael Gordillo, el 17 a Joaquín Sánchez y el 24 a Rubén Castro. El 11, en cambio, nunca ha tenido un único propietario. Ha cambiado de manos a lo largo de distintas etapas del club y ha sido usado por futbolistas de estilos muy variados. La decisión de Fran García de adoptarlo en su primera campaña como verdiblanco resulta especialmente representativa por ese motivo.
Cuando la numeración no era fija, el 11 dependía más de la posición en cada partido que de la identidad del jugador. Varios nombres destacados del Betis lo lucieron en algún momento. Entre ellos destacan Luis del Sol, que lo alternó con otro dorsal en sus inicios; Eduardo Anzarda, figura clave del equipo campeón de Copa en los setenta; el propio Gordillo a finales de esa década, antes de vincularse al 3; y el argentino Gabriel Humberto Calderón durante los ochenta.
A finales de los ochenta y principios de los noventa el número siguió circulando. Lo vistieron el goleador Daniel Aquino, ídolo de aquella época, y el carrilero croata Robert Jarni en partidos europeos. Todo cambió con la temporada 1995-96, cuando LaLiga introdujo los dorsales fijos. A partir de entonces el 11 adquirió mayor personalidad, aunque mantuvo su carácter versátil.
Uno de sus primeros dueños destacados fue Alfonso Pérez, llegado del Real Madrid al igual que ahora Fran García. El delantero convirtió el 11 en un símbolo del Betis de Lorenzo Serra Ferrer. Tras él llegaron el brasileño Denílson, el fichaje más caro del mundo en su momento; el chileno Mark González; Cristian Tello; y el brasileño Luiz Henrique, entre otros.
La mayoría de estos jugadores eran extremos o atacantes. Sin embargo, el dorsal también lo usaron mediocampistas como el argelino Foued Kadir y el argentino Juan Pablo Caffa, además de laterales como el peruano Juan Manuel Vargas y el madrileño Juanfran. Este último, al igual que el nuevo titular, llegó con pasado madridista. Esa diversidad de perfiles explica por qué el 11 nunca se ha asociado a una única posición.
Ahora Fran García lo recibe de manos de Cédric Bakambu, el delantero que aportó goles en la Conference League y ayudó al Betis a disputar su primera final europea. El lateral izquierdo castellanomanchego devuelve el número a un perfil de recorrido y proyección ofensiva desde la defensa, similar a algunos de los nombres que lo portaron antes de la era de los dorsales fijos.
El castellanomanchego no hereda un dorsal cualquiera. Recibe una camiseta que ha acompañado a varias generaciones de jugadores importantes del club sin pertenecer nunca a uno solo. Un número errante, pero también uno de los más cargados de historia en la entidad verdiblanca.