El Atlético de Madrid volvió a dejar escapar puntos en casa ante un Celta de Vigo que supo leer el momento exacto para golpear. Justo después de la salida de Griezmann del campo, cuando el equipo rojiblanco intentaba mantener el empate, llegó el tanto celeste que cambió el rumbo del partido y dejó a los de Simeone con una sensación amarga de oportunidad perdida.
Koke, siempre fiable en los 90 minutos, cometió una imprecisión en la salida de balón que el Celta no perdonó. Swedberg filtró el pase por dentro y Borja remató con precisión para adelantar a los visitantes. El tanto llegó en un momento en el que el Atlético había mejorado su juego durante unos minutos, pero las prisas del técnico argentino por cambiar el rumbo terminaron por pagarse caras.
La jornada no invitaba al optimismo. La lluvia y el ambiente melancólico en el Metropolitano reflejaban el estado de ánimo de un equipo que ya había visto cómo el Rayo Vallecano abría una puerta el jueves y el Celta la cruzaba el sábado sin apenas esfuerzo.
El partido comenzó con cierta posesión rojiblanca. Griezmann estuvo cerca de marcar de forma involuntaria y Lookman rozó el larguero, pero la sensación era de inercia más que de convicción. Giménez cayó lesionado tras un choque con Borja y solo duró veinte minutos en el campo. Le Normand entró en su lugar y el equipo siguió sin encontrar el ritmo.
El Celta apenas inquietó a Oblak en la primera mitad. Una ocasión de Borja que salió desviada fue lo más destacado de los visitantes, mientras el Atlético alternaba disparos inocentes de Griezmann y Sorloth con un ritmo cada vez más cansino.
Tras el descanso, Moriba probó suerte y Radu salvó un remate bien trabajado por Koke, Baena y Sorloth. El Atlético buscó el gol con más intensidad, pero Simeone decidió realizar cambios que alteraron el equilibrio. La salida de Griezmann y Lookman, unida a la retirada de Baena, dejó al equipo sin ideas con más de veinte minutos por jugar.
Cubo, el canterano que entró desde el banquillo, generó las últimas oportunidades locales, pero el Celta y el árbitro parecían más interesados en que el partido terminara cuanto antes. Al final, la victoria visitante confirmó una tarde gris para los rojiblancos.
Todo el encuentro giró en torno a la máxima competición continental. El Atlético ya había quedado fuera de la actual edición y ahora ve cómo el quinto puesto, que da acceso directo a la próxima Champions, se complica. El Celta, por su parte, sigue soñando con Europa sin haber hecho nada extraordinario.