Concluida la primera fase del Mundial ampliado a 48 equipos, solo 32 selecciones continúan en carrera. La gran sorpresa de este nuevo formato impulsado por la FIFA ha sido el notable avance del fútbol africano. Nueve de las diez selecciones del continente han superado la fase inicial, con la única excepción de Túnez.
Esta confederación ha sido la más favorecida por el sistema de clasificación, ya que ha duplicado el número de plazas respecto al Mundial de Qatar 2022. Europa sigue siendo la que más equipos aporta a los octavos con 13, la misma cifra con la que comenzó el torneo anterior. Le siguen Conmebol con cinco selecciones, tres de Concacaf y solo dos de Asia.
Los porcentajes de clasificación reflejan claramente el éxito africano: un 90% de avance para las selecciones del continente. Sudamérica alcanza el 83,3% con cinco de seis equipos vivos, mientras que Europa se sitúa en el 81,3%. La zona de Norteamérica y Centroamérica se queda en el 50%, y Asia junto con Oceanía solo logra un 20% de clasificación.
El crecimiento del fútbol africano no es fruto de la casualidad. Durante años se ha acumulado experiencia y calidad que ahora se traduce en resultados competitivos.
Uno de los principales impulsores ha sido la presencia masiva de futbolistas nacidos o formados en África en las principales competiciones europeas. La Premier League, la Ligue 1, la Bundesliga y LaLiga cuentan con numerosos talentos africanos que se miden cada semana contra los mejores del mundo. Nombres como Sadio Mané, Thomas Partey, Yoanne Wissa o Amad Diallo ya están acostumbrados a la exigencia del fútbol de élite.
Además de la calidad individual, ha cambiado la forma de trabajar de las selecciones. Los entrenadores actuales, muchos con experiencia en Europa, han priorizado el mejor jugador para cada posición en lugar de alinear solo por nombre. Esta mayor coherencia táctica permite a los equipos mantener un sistema durante los noventa minutos.
Las academias y los convenios con clubes europeos han profesionalizado la formación en países como Senegal, Costa de Marfil y especialmente Marruecos con el complejo Mohammed VI. Los jóvenes llegan a Europa ya preparados para competir desde el primer día.
Los futbolistas actuales crecieron viendo a leyendas como Drogba, Eto'o, Essien o Yaya Touré triunfar en Europa y disputar finales de Champions League. Ese ejemplo ha cambiado la mentalidad colectiva: ya no basta con participar, el objetivo es ganar.
Lo que antes se consideraba un logro histórico, como llegar a cuartos de final, empieza a verse como una expectativa normal. El África negra ha pasado de ser una promesa a convertirse en una realidad consolidada del fútbol mundial.